sábado, 25 de octubre de 2014

Tratados de libre comercio han sido un fracaso: José Mujica

Montevideo, Uruguay, 23 de octubre, 2014

José Mujica, presidente de Uruguay, criticó en entrevista exclusiva para teleSUR los tratados de libre comercio como herramienta para el desarrollo. Mujica sostuvo que dicha orientación económica y política no ha contribuido al bienestar de las diferentes sociedades y además, crea divisiones contrarias al proceso de globalización. Para el mandatario charrúa, ninguna nación puede permitirse dejar fuera a naciones emergentes como China, India o Rusia para beneficiar a Estados Unidos.

Fuente: teleSUR

domingo, 19 de octubre de 2014

Estado y neoliberalismo en el Ecuador: algunas contradicciones no resueltas

15 de Octubre del 2014
 
¿Qué pasa si en lugar del final de la hegemonía neoliberal, la mayor presencia del Estado en la política ecuatoriana forma parte de una reconfiguración del neoliberalismo en el ámbito de la economía global?
 
POR: Lizardo Herrera
 
Es PhD  por la Universidad de Pittsburgh y tiene una maestría en estudios de la cultura en la Universidad Andina Simón Bolívar y una licenciatura en historia en la PUCE. Es profesor en Whittier College, California, Estados Unidos.
La mayor presencia del Estado que promueve Correa, a pesar del incremento del gasto social, no necesaria-mente se opone al modelo neoliberal".
 
Pablo Iglesias dirigente del nuevo partido político español, Podemos, recientemente visitó Ecuador y Bolivia para nutrirse de la experiencia de estos gobiernos de izquierda. En sus intervenciones, Iglesias realiza una brillante crítica a la socialdemocracia española, aglutinada en el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), como responsable de la inserción de España en el modelo neoliberal. Según Iglesias, el programa del PSOE a partir de los años 80 favoreció tanto el ingreso de España en la Unión Europea como la implementación de las políticas de desregulación económica que debilitaron los controles estatales y crearon las condiciones para la crisis económica que afronta España en la actualidad. De modo que, según este joven político, el fortalecimiento del Estado es el camino más apropiado para contrarrestar los efectos negativos del neoliberalismo.
 
A pesar de que comparto con la crítica al neoliberalismo como un modelo que favorece a las élites (especialmente las financieras) en detrimento de las mayorías y como el responsable directo de la crisis económica en varias regiones del globo, me gustaría abordar la siguientes preguntas: ¿qué sucede si la relación entre Estado y neoliberalismo es más compleja de lo que plantea Iglesias? ¿Qué pasa si en lugar del final de la hegemonía neoliberal, la mayor presencia del Estado en la política ecuatoriana forma parte de una reconfiguración del neoliberalismo en el ámbito de la economía global?
 
Hasta ahora la manera más efectiva para explicar lo que se conoce como las reformas neoliberales ha sido a partir de la siguiente fórmula: menor presencia del Estado, menos regulación de los mercados (en especial, los financieros); mayor presencia estatal, más regulación económica. Sin embargo, si tomamos en cuenta la historia latinoamericana, resulta que el neoliberalismo nace en el contexto de una dictadura militar en Chile (1973). Esto quiere decir que para implementar las reformas neoliberales en ese país sudamericano se necesitó de un Estado muy fuerte. Por esta razón, si aplicamos la fórmula antes mencionada tenemos que en Chile más Estado en lo político contradictoriamente desembocó en menos regulación o menos Estado en lo económico.
 
El historiador francés, Jerôme Baschet, sostiene, a diferencia de lo que plantea Iglesias, que los principales actores en la implantación del neoliberalismo fueron los Estados, los cuales se encargaron de imponer las normas capitalistas al conjunto de la sociedad. Dictaduras como la chilena, entre otras cosas, combatieron y debilitaron a las organizaciones populares, estudiantiles o sindicales. Esto significa que la concentración o centralización del poder político permitió llevar a cabo la desregulación de los mercados financieros y la privatización económica.
 
Si analizamos la política ecuatoriana actual, varios analistas coinciden con Iglesias al sostener que gracias a las políticas del gobierno de Rafael Correa, la hegemonía del neoliberalismo llegó a su fin en el país. Correa, desde este punto de vista, fortaleció el rol del Estado en la economía a partir de una fuerte inversión en infraestructura y el incremento del gasto social, desmontando así las políticas económicas o financieras de los gobiernos anteriores. Si aplicamos la formula anterior, esta vez funcionaría, pues mayor Estado significó más regulación en el Ecuador.
 
Pero si hacemos una breve historia del gobierno de Correa, podemos observar que su gobierno tiene dos etapas. En la primera, primaban los siguientes objetivos: 1) redactar una nueva Constitución para lo cual se forjó varias alianzas con sectores de la izquierda que ahora combate, 2) desarrollar una política de asistencialismo público a partir de programas sociales, servicios públicos o la construcción de infraestructura pública y 3) un mayor control del Estado en ciertas áreas estratégicas de la economía. En la segunda, en cambio, se da un giro importante en tanto el énfasis ahora está en el cambio de matriz productiva/cognitiva y la implantación de varias reformas o leyes que favorecen la concentración del poder político. Como evidencia de este giro, por nombrar unas pocas, estaría la elección como vicepresidente de Jorge Glas, cercano a grupos de ideología neoliberal, o la firma del acuerdo comercial con Europa.
 
Dicho de otro modo, estamos ante una disyuntiva en la medida en que, por un lado, está  una política asistencialista y nacionalista que rompe con los dictados de la austeridad neoliberal y que además cuenta con una popularidad muy alta; mientras que, por el otro, se encuentra un proyecto modernizador de carácter tecnocrático que dirige su mirada al capitalismo global y exige una mayor centralización del poder político.
 
Si es correcto que la prioridad del gobierno en la actualidad está el cambio de matriz productiva/cognitiva, esto trae consigo algunas consideraciones importantes. Primero, este cambio de matriz propone pasar de una economía extractivista basada en la explotación y exportación de materias primas a una basada en el conocimiento por medio de una modernización acelerada. En este sentido, las políticas asistencialistas del gobierno, especialmente, la construcción de infraestructura, se subordinan a un plan mayor: el cambio de la estructura productiva del país. Segundo, si para llevar a cabo este cambio de matriz productiva, el gobierno busca replicar el modelo de desarrollo coreano, esto torna aún más problemática la tesis del "final de la hegemonía neoliberal" en el Ecuador. Tercero, la concentración del poder político en el Ejecutivo se opone y debilita a las organizaciones populares o sociales tal como sucedió con los gobiernos dictatoriales que implementaron el neoliberalismo en América del Sur.
 
Esto quiere decir que la mayor presencia del Estado que promueve Correa a pesar del incremento del gasto social o la construcción de infraestructura, no necesariamente se opone al modelo neoliberal. ¿Cómo entender esta aparente contradicción? Baschet nos vuelve a dar una pista al sugerir que la mayor presencia estatal en ciertos gobiernos progresistas de América del Sur no necesariamente significa el desmantelamiento del modelo neoliberal, más bien puede implicar un nuevo re-equilibrio del funcionamiento del neoliberalismo. La nueva relegitimación del Estado, según este historiador, tendría que ver con la necesidad de dotar a los Estados de las herramientas necesarias para lograr tal re-equilibrio.
 
Esto quiere decir que el modelo de desarrollo del gobierno ecuatoriano se enmarca en un contexto de reconfiguración del neoliberalismo a nivel internacional en donde la modernización económica se complementa perfectamente con la centralización del poder político. En este sentido, aunque más Estado tanto en términos políticos como económicos favorece una mayor regulación de la economía en el Ecuador, este Estado no se opone al neoliberalismo debido a que, a más de neutralizar la organización social o popular, su deseo se orienta hacia un capitalismo global que sigue siendo neoliberal.
 
Si regresamos a nuestra discusión con Pablo Iglesias, a diferencia de lo que piensa el joven político, el fortalecimiento del Estado en el gobierno de Correa en lugar de ser una alternativa a la socialdemocracia neoliberal española o desmontar el neoliberalismo, guarda correspondencias importantes con ambos. El PSOE en los años 80 y  90 tenía como objetivo insertar a España en el contexto europeo a partir de varias reformas neoliberales; mientras que el gobierno de Correa en la actualidad plantea la inserción del Ecuador en la economía global a partir de una agresiva modernización económica. La reconfiguración del neoliberalismo en la economía global además nos permite comprender algunas características claves de la política ecuatoriana contemporánea y que la tesis del “final de la hegemonía neoliberal” pasa por alto: 1) el rol de China en el contexto internacional y su importancia cada vez mayor en la economía ecuatoriana, 2) el modelo coreano de desarrollo que se intenta replicar en el Ecuador y 3) las políticas neoextractivistas –minería y petróleo- que guían la acumulación de capital a través de la cual el gobierno de Correa pretende obtener los recursos para implementar su modelo de desarrollo.

EL 19 DE NOVIEMBRE NUEVA JORNADA NACIONAL DE PROTESTA

La convención nacional de trabajadore condenó la suscripción del acuerdo comercial con la Unión Europea por considerarlo que se trata de un tratado de libre comercio atentatorio al país.

19:40  INFORMATE PUEBLO  
 
La Convención Nacional de organizaciones populares, reunida hoy en Guayaquil, resolvió retomar la movilización popular en las calles para protestar en contra de la política antipopular y autoritaria del Gobierno; además acordó constituir la Coordinadora Nacional Unitaria de las Organizaciones Sociales.

El evento, al que asistieron cientos de dirigentes sindicales, campesinos, estudiantiles, del magisterio, poblacionales y de colegios profesionales del país, evaluó la jornada de protesta del pasado 17 de septiembre, a la que calificaron de victoriosa  y que demuestra la capacidad de lucha que tiene el movimiento popular organizado.

En varias intervenciones realizadas por los asistentes condenaron la violenta represión gubernamental en contra de las protestas estudiantiles que se desarrollaron en Quito y calificaron como detenidos políticos a los estudiantes que aún permanecen en prisión. Igualmente condenaron la suscripción del acuerdo comercial con la Unión Europea por considerarlo que se trata de un tratado de libre comercio atentatorio al país.
 
La nueva jornada de protesta se realizará el próximo 19 de noviembre en las diferentes provincias, y tiene como elementos de protesta los mismos que motivaron la movilización del pasado17 de septiembre, entre los que destaca la exigencia de lograr un Código Laboral que reconozca los derechos de los trabajadores. Se incorpora a la plataforma el rechazo a la firma del TLC con la UE, el pedido de libertad de los estudiantes detenidos y el rechazo a la pretensión de elevar las tarifas del transporte urbana.

Mientras este evento se desarrollaba en Guayaquil, el presidente Rafael Correa, en su enlace sabatino 395 señaló que ante las críticas que se hace a la propuesta de Código Laboral, ya no podría en debate ese cuerpo legal íntegramente, sino que enviaría algunas reformas para su aprobación, sin explicar el contenido o la naturaleza de ellas.


Con esta convención se ha dado continuidad al esfuerzo unitario que se desarrolla entre las distintas organizaciones populares. Antes se realizaron eventos similares en Quito y Cuenca, y contaron con la iniciativa del Frente Unitario de Trabajadores (FUT) y el Frente Popular, a la que posteriormente se incorporó la Conaie y otras organizaciones sociales. FUENTE: ECUADOR LIBRE RED.

Alberto Acosta: “En Ecuador se está viviendo un retorno a la derecha”

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El ex presidente de la Asamblea Nacional Constituyente de Ecuador, Alberto Acosta. AGENCIAANDES

10 de octubre de 2014
Al llegar a la presidencia de Ecuador, el 15 de enero de 2007, Rafael Correa confió al economista Alberto Acosta (Quito, Ecuador, 1948) las riendas del Ministerio de Energía y Minas y, diez meses después, la presidencia de la Asamblea Nacional Constituyente. Sin embargo, la buena relación que mantenían desde 1991 se fue truncando con el tiempo. Hoy, Acosta es uno de los economistas de izquierdas ecuatorianos críticos con el Gobierno y, echando la vista atrás, asegura que Correa “no estuvo nunca convencido de los principios con los que levantamos la tesis de la revolución ciudadana” y recuerda que el presidente ha bloqueado propuestas relativas a la regulación del aborto o el matrimonio entre personas del mismo sexo. Además, esta semana se han hecho públicos nueve cables diplomáticos a través de la plataforma Filtrala (junto con EcuadorTransparente.org y AWP) que reflejan las negociaciones (y presiones) de la UE con Ecuador sobre un tema muy espinoso: el Tratado de Libre Comercio.
¿Cómo fue su experiencia con Rafael Correa?
Le conocí en 1991. Soy 15 años mayor y llegamos a establecer una amistad muy estrecha, casi como hermanos. Con el tiempo, fuimos comprometiéndonos en una serie de luchas, de acciones para enfrentar los TLC. Dimos batalla e, incluso, publicamos algunos textos y escribimos un libro sobre ello, El rostro oculto del TLC.
¿Y la posición respecto a los TLC?
Los TLC tuvieron una primera intención, en los años 1990, cuando se trató de impulsar el acuerdo de inversiones, especialmente desde Francia. Pero fue bloqueado por los sindicatos europeos, especialmente el francés. La lucha de 2005 y 2006 que llevó a la victoria electoral del presidente Correa se sustentó en la resistencia de amplios segmentos de la población ecuatoriana contra los TLC.
Luego se trató de impulsar otro tipo de acuerdo multilateral, con el acuerdo de libre comercio para las Américas, pero EEUU no lo pudo impulsar por la oposición de los movimientos sociales. Cuando se pasó del acuerdo multilateral al bilateral con los EEUU, se enfrentó con mucho éxito y logramos pararlo 2005.
Uno de los elementos que se plantearon en el Plan de Gobierno del movimiento Alianza País, en 2006, era no dar paso a los TLC. Alguna vez escuché a Correa que él se cortaría la mano, pero que no firmaría un TLC. Desde esa perspectiva, comenzó su gobierno con la tesis de “No al TLC”.
Cuando la UE plantea un acuerdo en septiembre de 2007, Ecuador comienza a discutir y luego se retira, junto a Bolivia. Ahora, sorprende que el presidente haya vuelto a la lógica del TLC con la UE.
¿Cómo arrancaron las conversaciones con la UE?
El septiembre de 2007, la Comunidad Andina de Naciones y la UE empezaron sus negociaciones. La UE nos planteó un arreglo para la integración andina. Era un acuerdo de asociación para revitalizar la comunidad andina, que estaba muy debilitada, aletargada. Pero, en abril de 2008, los bolivianos se retiraron porque no aceptaron la lógica del TLC que estaba planteado. En 2009, Ecuador también se retira. Sólo siguen negociando los vecinos Colombia y Perú, que tienen una lógica neoliberal muy clara y también han apostado por TLC con EEUU.
¿Realmente se retiró Ecuador?
Ecuador hizo una contrapropuesta para el desarrollo. Pero lo que recibieron los países andinos fue una propuesta multiparte, un TLC. Ecuador intentó incorporar otros criterios. Pero hay que dejar claro dos puntos básicos: los Tratados de Libre Comercio no son sólo de comercio… y no son libres.
No son sólo de comercio: tienen aspectos adicionales como compras públicas, las patentes, los derechos de propiedad intelectual, de las comunidades, los derechos ancestrales… hay cerca de 14 puntos, pero sólo 2 o 3 son comerciales. El resto se conocen como los puntos de Singapur, porque se negociaron allí.
Ecuador trata de añadir el punto de la cooperación, otros políticos y, el más importante, la cuestión migratoria. Fue el punto de partida, con el que creíamos que podría prosperar. Pero con la salida del canciller, el señor Falconi, en enero de 2010, comienzan a alzar voces en sintonía con la propuesta del no al TLC. En 2010, el Gobierno vuelve a abrir la puerta a la negociación, pero no fue aceptada por la UE. Dijeron que, o se aceptaba el acuerdo sellado con Perú y Colombia, o no se firmaba nada. Un dato importante: la embajadora de Reino Unido llegó a plantear en 2011 que, si se firmaba el TLC, habría problemas con la Constitución de Ecuador. Ahora vemos que el presidente está introduciendo cambios en la Constitución para adecuarla al TLC. Por ejemplo: todo lo que tiene que ver con la propiedad intelectual de los conocimientos ancestrales, que la Constitución prohíbe que sean mercantilizados. También se prohíbe la importación y plantación de semillas transgénicas. Se puede importar para la alimentación de animales, pero la producción de bienes transgénicos está prohibida.
¿En qué quedó la cuestión migratoria?
Ecuador querría que nuestros compatriotas no tengan tantas presiones y no se les someta a una marginación permanente. Y que se les garantice su derecho a permanecer en la UE y que tengan todos los beneficios posibles.
Correa niega que vaya a suscribir el TLC de Colombia y Perú.
Dos años antes de las últimas elecciones, el presidente Correa ya dio señales de que quería un Tratado comercial multipartes: se aceptaba la hoja de ruta y se abría la puerta a un tratado de adhesión, con las condiciones que habían pactado Colombia y Perú. A continuación, se trataban los límites. El contenido no difiere nada entre lo que negoció la UE con Colombia y Perú.
¿Qué supone el TLC para Ecuador? ¿Qué lo diferencia de otros acuerdos?
En las últimas décadas, se firman acuerdos del tipo TLC, aunque se les llame de otra forma. No cambian su contenido, su esencia. Incluyen los términos de Singapur, no sólo los comerciales: propiedad intelectual, el acceso a los servicios públicos, la protección inversiones extranjeras, acceso a los mercados de bienes agrícolas, medidas sanitarias, políticas de competencia, la solución de diferencias… una cantidad de cuestiones enorme. Prácticamente todos los acuerdos que se están suscribiendo están dentro de esta lógica. Está relacionado también con el acuerdo transatlántico que están negociando EEUU y Europa, el TTIP. Es la madre de todos los acuerdos. Si se ponen de acuerdo, eso va a imponer reglas de juego a gran parte del planeta. Y sabemos las razones de esto, enfrentar a China e India.
Los acuerdos de comercio no son sólo de comercio y no abren la libertad comercial. Por ejemplo, los europeos no van a desarmar sus subsidios a la agricultura. Y nuestros campesinos van a enfrentar una competencia desleal porque no van a poder acceder a ayudas similares, vía subsidio.
¿Qué diferencia los TLC de los acuerdos anteriores?
Los Sistema General de Preferencias (SGP) con Europa son meramente comerciales temporales, como los que hay con EEUU, que daban concesiones a aquellos países andinos que colaboraban con la lucha antidroga. Dentro de este esquema, Ecuador tiene durante los próximos meses todavía algunos beneficios. Pero se utilizó como una suerte de espada de Damocles, después de que firmasen Colombia y Perú. Si no aceptaba, se quedaba fuera de las ayudas.
¿Era un todo o nada? ¿No había alternativa al TLC?
Es un chantaje: firmar el TLC o asumir el incremento arancelario. Pero la pregunta es: ¿Cuánto supondría eso en términos reales? No pasaría de 400 millones de dólares. Para una economía como la de Ecuador con un PIB cercano a los 100.000 millones de dólares no es una cantidad mayor. Podría haberse encontrado una solución. No tenemos que ver qué se tendría que hacer ahora, sino qué se podría haber hecho hace siete años. Correa dijo no al TLC, pero no puso una estrategia para evitar esto, para los productos ecuatorianos. Ahora, cuando se ve obligado, tiene que agachar la cabeza y aceptar el TLC.
Este gobierno comenzó con unos planteamientos muy interesantes: sin estar del lado del Banco Mundial y el FMI, oponiéndose al TLC y la política neoliberal. Lo preocupante es que hasta antes de que comenzase el gobierno de Correa, apenas el 35% de la población apoyaba el TLC, en 2006. Ahora, el 80%. Es consecuencia de que el Gobierno no desarrolló estrategia clara y precisa. Y era posible.
¿Qué se puede hacer ahora?
Habría que minimizar los impactos, en el caso de que se firme, para apoyar a los productores nacionales. El sector del banano sería el más beneficiado por el TLC porque se reduciría el arancel que tiene que pagar para acceder al mercado europeo. Se puede pensar en mecanismos de financiación, transporte, productividad… ¿Por qué se ha cerrado la puerta? Los productos que podrían costar más en Europa sólo son una parte del problema. El problema surge por otro lado: las empresas europeas van a tener acceso a la contratación pública, una de las armas de política fiscal más poderosas. Ecuador lo está entregando, rebajando los umbrales. Es una herramienta que ha sido poderosísima para el desarrollo.
¿Qué perfil tienen estas contrataciones?
Podemos hablar de constructoras, de contratación de servicios, de privatizaciones que se habían logrado frenar en Ecuador… Van a ir limitando las posibilidades de respuesta autónoma del gobierno de Ecuador en un contexto de economía globalizada que exige la mayor flexibilidad y creatividad política.
¿Quiénes son los interesados en el TLC en Ecuador?
Hay un grupo al que podríamos llamar los poetas del libre comercio. El presidente Correa decía que raya más con una religión que con la política económica. Son economistas ortodoxos interesados en impulsarlo simplemente porque es su ideología. También están los grupos que conocen los potenciales beneficios que podrían tener. Los bananeros, en el caso ecuatoriano. Un TLC profundiza las dependencia de una economía como la nuestra. Vamos a poder competir en los sectores donde tengamos ventajas comparativas, donde la naturaleza es generosa y nos permite competir: cacao, banano, café, frutas tropicales… aquellos que no se van a encontrar en Europa. Pero en vino, cerveza, leche, carne… ahí no podemos competir con Europa.
Y no sólo se benefician quienes colocan productos en el mercado europeo, sino también los intermediarios que ofrecerán negocios a las empresas europeas: transportes, intermediarios… Y estas personas ven en un TLC un mecanismo para fortalecer su seguridad jurídica, para que el gobierno no pueda tomar decisiones arbitrarias. Y, con él, se debilitan y archivan todas las propuestas revolucionarias que levantamos hace siete años y que están siendo olvidadas.
¿Qué explicación da al viraje de Correa?
Algunas cosas no las entiendo. Se requeriría un análisis psicológico, pero yo soy economista. El presidente Correa no estuvo nunca convencido de los principios con los que levantamos la tesis de la revolución ciudadana. Y ha quedado claro con varias medidas. La primera: suscribir un TLC. La segunda: desarmar la Constitución de Montecristi, que Correa decía que iba a durar 300 años, que era un canto a la vida. Tercero: decía que ir con el Banco Mundial era caminar hacia el subdesarrollo, pero ha ingresado de nuevo para poder colocar bonos en el mercado internacional. También ha negociado con una de las empresas de más dudosa reputación en el mundo, como es Goldman Sachs, más de la mitad de la reserva monetaria en oro, para conseguir un crédito.
Estamos viendo como la gran parte de los planteamientos básicos de la revolución ciudadana que están en la Constitución no se cumplen. El presidente no quiere dar paso a la reforma agraria porque no cree en la redistribución de la tierra. No quiere una discusión nacional que no permita la privatización del agua, y que ordene la redistribución del agua. En lo laboral, el presidente está ahora en poder de comprar las renuncias obligatorias de los servidores públicos: ha logrado sacar a muchos de ellos y sustituirlos por miembros del gobierno y del partido oficialista. Y al resto de servidores, los ha tenido subordinados, disciplinados.
El decreto 16 va en contra de la Constitución, de la democracia radical. También ha prohibido la discusión del aborto en la Asamblea Nacional… ¡La simple discusión! Es un católico conservador que está en contra del aborto y del matrimonio homosexual. Lo ha dicho categóricamente. Cuando dos asambleístas lo plantearon, lo bloqueó y les sancionó un mes fuera de la asamblea, con el compromiso de que no volverían a retomar el tema. Va quedando atrás todo lo que propusimos.
En la página 10 de nuestro programa decíamos que estábamos en contra de gobiernos personalistas, autoritarios, caudillescos. Pero en la práctica, lo que hemos permitido que se construya es el caudillo del siglo XXI. Es lo que tenemos en Ecuador.
Volvamos al TLC. El de EEUU se logró bloquear.
No me sorprendería que dentro de poco firmase también con EEUU.
¿Es posible parar todavía el de la UE?
Yo nunca creo esas posiciones de que no hay marcha atrás. Una importante movilización en Ecuador podría pararlo. Luego habría que ver la posición en los Parlamentos. Pero en Europa es más difícil. Seamos honestos: el TLC con Ecuador es de mínima importancia para la sociedad europea. Ni siquiera el TTIP ha sido suficientemente tratado. Se sigue negociando de una manera poco transparente. Tenemos que confiar en que el pueblo ecuatoriano vuelva a tener la conciencia y que protagonice movilizaciones como las que tuvimos a principios de los años 2000.
¿Por qué el apoyo popular al TLC ha pasado en ocho años del 35% a 80%?
El principal es la falta de una estrategia concreta. Y los grandes grupos económicos presionaron con campañas de chantaje: el país podría quedar aislado, decían, si no se firmaba el TLC. Pero si todos se lanzan al precipicio y nosotros nos quedamos al margen… es la salvación.
Se logró que hacer un ministerio conjunto de relaciones exteriores y de comercio, una propuesta muy interesante de vincular diplomacia con la economía internacional. Pero se volvió a separar y quedó en nada. Los contrarios al TLC y del antiimperialismo quedaron en relaciones exteriores. Y los llamados pragmáticos, en el de Comercio, que son los que impulsaron el TLC.
¡Y los medios de comunicación! En Ecuador no hay medios públicos: son gubernamentales, privados y comunitarios. Y los gubernamentales se sintonizaron con los privados hacia la “indispensable” firma de un TLC.
¿Por qué apenas aparecen críticas en los medios de comunicación de Ecuador? ¿Qué relación tienen sus dueños con el TLC?
Sus dueños tienen relaciones comerciales o ideológicas con quienes se beneficiarían de los TLC. No son los propietarios de las bananeras los dueños de los medios de comunicación, pero sintonizan. En Ecuador se está viviendo un retorno a la derecha.
¿Qué presiones ha realizado la UE a Ecuador para firmar? ¿Influye la necesidad de aumentar las exportaciones en la UE para salir de la crisis?
La UE señaló desde el principio los puntos básicos para la negociación. Cuando se planteó el acuerdo del bloque europeo y el andino, se hablaba de cooperación, de integración andina… pero cuando Perú y Colombia se retiran de la negociación, la UE olvida la parte de integración andina. Era parte sólo de un discurso. La UE quería el TLC y lo está acelerando. Necesita acuerdos que le faciliten acceso para sus empresas, tecnologías… es una Europa neoliberal, gobernada por la Troika. En Europa no es tiempo de concesiones. Quieren obtener la máxima cantidad de beneficios para superar la crisis.

domingo, 12 de octubre de 2014

La UE chantajeó a Ecuador para que firmara el TLC: filtración de cables de la Embajada de Ecuador en Bruselas

 
La UE amenazó a Ecuador con cerrar la puerta a sus productos y dejarlo "aislado" si no se adhería a un tratado de libre comercio firmado antes con Perú y Colombia.

Imagen de los papeles filtrados, donde se plasma la posibilidad de que Ecuador pierda ventajas comerciales si no firma el TLC. / Álvaro Minguito
El 17 de julio, tras cuatro años de negociación, Ecuador firmaba el tratado de asociación económica con la Unión Europea. Un acuerdo del que también forman parte Perú y Colombia. El ministro de Comercio Exterior ecuatoriano, Francisco Rivadeneira, se adelantaba a las posibles críticas afirmando que el acuerdo “está adaptado” a las necesidades del país y “potencia al máximo las oportunidades, reduce a su mínima expresión los costos, respeta el modelo de desarrollo del país y permite proteger a los sectores más sensibles a nivel productivo”.

No fue suficiente para acallar las voces que venían denunciando desde el inicio de las negociaciones que se trata de un tratado de libre comercio encubierto, “propio del modelo de desarrollo neoliberal impulsado en la década de los 90 y que se encuentra reñido con la letra y el espíritu” de la actual Constitución, aprobada en 2007.
Las palabras entrecomilladas no proceden de alguno de los múltiples grupos opositores que se posicionan a la izquierda del Ejecutivo, sino de Fernando Yepez Lasso, ex embajador de Ecuador ante la Unión Europea durante la negociación del acuerdo. Gracias a una filtración de cables enviados desde la sede diplomática de Ecuador en Bruselas a altos cargos del Ministerio de Relaciones Exteriores del país andino, es posible reconstruir los entresijos de la negociación entre Quito y la UE. Esta información fue recibida a través de una colaboración con la Associated Whistleblowing Press mediante su plataforma EcuadorTransparente.org, parte de la red de Filtrala, en la que participan Diagonal,La MareaelDiario.es y Mongolia.
 “La posibilidad de que nuestro país sea excluido del SGP+ es un elemento de presión por parte de la Comisión Europea

La extorsión de la Unión Europa

Según afirma el embajador Yepez Lasso en los cables filtrados, la Unión Europea presionó a Ecuador para que firme el tratado de libre comercio con la UE, amenazándolo con dejarlo fuera de los beneficios arancelarios otorgados al país a través del Sistema General de Preferencias Plus (SGP+), un mecanismo, prorrogado hasta finales de 2014, que abre las fronteras de la Unión a diferentes productos ecuatorianos. El fin del los beneficios del SGP+, por el que entran en Europa el 85% de las exportaciones ecuatorianas, a excepción del banano, supondrían para las cuentas del país andino el pago de 328 millones anuales en aranceles, según la asociación de empresarios ecuatorianos Fedexpor.
Así lo explicaba Yepez Lasso en uno de los cables de 2011: “La posibilidad de que nuestro país sea excluido del SGP+ es un elemento de presión por parte de la Comisión Europea y de ciertos sectores empresariales para que el Ecuador adhiera al TLC concluido por la UE con Colombia y Perú como única alternativa para evitar la pérdida de acceso a este mercado”.

El embajador ecuatoriano ante la UE califica el TLC de "agresivo", semejante a aquellos que han sido criticados por el propio presidente Correa.
 Sobre las posibles incompatibilidades entre el tratado y la Constitución de Ecuador y las leyes de Empresas Públicas y de la Economía Popular y Solidaria, Gaspar Frontini, jefe negociador de la Comisión Europea, se mostraba “optimista”, escribe Yepez Lasso, “en el sentido de que determinadas contradicciones y dificultades con las leyes ecuatorianas (…) desaparecerían ya que el TLC por su jerarquía normativa de instrumento internacional prevalecería sobre ellas, según nuestro ordenamiento jurídico”.Según el embajador ecuatoriano, en una conversación con Frontini, el jefe negociador de la Comisión le confirmaba las opciones del país andino:“Ecuador no tiene alternativa a la adhesión,con las particularidades del caso, al TLC concluido con Colombia y Perú ya que en el 2014 perdería el SGP+ y, consecuentemente, el acceso privilegiado al mercado europeo. El Ecuador quedaría aislado, mientras sus competidores andinos y centroamericanos se beneficiarían de un tratado de libre comercio”.

Y se lo confirmaba Tomás Duplá, entonces director para América Latina del Servicio Europeo de Acción Exterior: Ecuador no tiene otra opción que adherirse al “TLC concluido con Colombia y Perú, con las particularidades del caso”, medida que debe venir acompañada “de lasuspensión de la política de denuncia de los TBI's”, en referencia a los tratados bilaterales de protección recíproca de inversiones, un mecanismo que somete al Estado a la jurisdicción del Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI) del Banco Mundial, ambos organismos proclives a la resolución de conflictos en favor de las compañías transnacionales.

Mientras en Ecuador se auditaban los Tratados Bilaterales de Protección Recíproca de Inversiones firmados con anterioridad, Tomás Dupla y el comisario europeo Karel de Gucht habrían conminado a Ecuador a suspender dicha política de denuncias. Más allá del contenido de las filtraciones, el presidente Correa aún no ha firmado la derogación de los tratados bilaterales en el Legislativo ecuatoriano.

El mismo comisario europeo de Comercio, Karel de Gutch, había hablado con la entonces ministra Nathalie Cely “con particular franqueza, dureza y burdo desdén, al afirmar que la UE negocia solamente TLC's; que para ello el Ecuador debe reformar su Constitución y que la política de denuncia de los TBl's debe ser superada. Ésa es la flexibilidad de la UE, expresada al más alto nivel de la Comisión Europea, y que de manera alguna permite pensar en apertura hacia nuestros planteamientos esenciales sobre la naturaleza del acuerdo comercial y nuestro modelo de desarrollo”.

Foto de los documentos donde el embajador ante la UE compara el actual TLC con los firmados en los 90.


Entre la espada y el TLC

Para la Unión Europea no había un plan B. Ni un gran margen de negociación. La adhesión de Ecuador al tratado firmado anteriormente con Perú y Colombia era el único instrumento comercial sobre la mesa de negociaciones. “El único acuerdo comercial posible con la UE es la adhesión al TLC concluido con Colombia y Perú –defendía el embajador ecuatoriano en la UE en los cables filtrados– con las especificidades mínimas de cada país”. Unas condiciones que difícilmente pueden conjugarse con la Constitución ecuatoriana.

“El único acuerdo comercial posible con la UE es la adhesión al TLC concluido con Colombia y Perú"

La Constitución de Montecristi –promulgada en 2007 y que recoge gran cantidad de demandas sociales defendidas en largos ciclos de movilizaciones y levantamientos populares– prohíbe la firma de tratados que cedan jurisdicción soberana a instancias de arbitrajes internacionales, exige medidas protectoras al sector agroalimentario y pesquero, da prioridad en las compras públicas a productos y servicios nacionales, protege la producción nacional y procura el fortalecimiento de los mercados internos. Sin embargo, según afirma el analista e histórico activista Edgar Isch, el texto del acuerdo suscrito entre Ecuador y la UE apenas incorpora modificacionesrespecto al de Colombia y Perú, unas reservas muy menores en cuanto a compras públicas, y la inclusión en los anexos de algunas excepciones y plazos para productos sensibles, al igual que los existentes con respecto a los otros dos países andinos.

Kintto Lucas fue vicecanciller de Ecuador entre 2010 y 2012, uno de las personas más cercanas a la negociación del tratado con la Unión Europea. “Lo que decía en 2012 cuando renuncié de vicecanciller se está cumpliendo, Ecuador se adhiere al TLC de Colombia y Perú con la UE. Que pena”, escribía en su cuenta de twitter el martes 7 de octubre. “Con el TLC los restauradores de la derecha están contentos. Se unen cuando se trata de sus grandes intereses. Felicitaciones por la victoria”, escribía en la red unos minutos después.