miércoles, 26 de febrero de 2014

UASB, Spondylus - ENTREVISTA : Arroyo Picard analiza el impacto del TLC en México 20 años después


Por Fernando Andrade C.

Editor del Portal

Transcripción:
Silvia Coral

Alberto Arroyo Picard es docente e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana de México, tiene una Maestría en Sociología de la Universidad Iberoamericana de México, y estudios doctorales en Ciencias Sociales por la Universidad Autónoma de México. Es miembro del Consejo Ejecutivo de la Red Mexicana de Acción frente al Libre Comercio.

Una de las líneas de investigación del profesor Arroyo Picard es el impacto de los Tratados de Libre Comercio (TLC), tema sobre el que ha realizado algunas publicaciones. Estuvo de visita en la Universidad Andina Simón Bolívar para dictar una conferencia sobre la “Inversión extranjera directa europea en América Latina y el Caribe”.

Una de sus publicaciones más difundidas es El resultado del Tratado de Libre Comercio de América del Norte en México, que fue publicado en 2013, en la que se realiza un análisis de los impactos de este acuerdo comercial en el país latinoamericano. ¿Cuánto ha cambiado el escenario desde entonces hasta acá? ¿Que tanto ha cambiado desde 2013 hasta acá? pues ha empeorado, pero en la misma dirección. Siempre se dijo que estos tratados dan frutos a mediano plazo. Nosotros consideramos que 20 años es suficiente tiempo para evaluar una política pública o un modelo económico estratégico y el hecho es que no solo ha sido malo para la mayoría de la población si no ha fracasado en sus objetivos. Podemos no estar de acuerdo con los objetivos que se plantearon, pero lo menos que puedes hacer para evaluar algo es que consiguieron lo que ellos pretendieron conseguir.

Lo que se planteaba era que México iba a volver a tener un crecimiento acelerado, con capacidad de generar empleo, con estabilidad de precios, sin devaluaciones, etc., lo más elemental de cualquier proyecto económico. El hecho es que la economía mexicana ha crecido 0,98% como tasa media anual durante 20 años, o sea prácticamente está estancada, menos del 1% del PIB por habitante, que es la tasa más baja de cualquier estrategia económica que México ha tenido después de la revolución mexicana y en toda la historia.

Si se compara con el resto de América Latina es el número 23 de 30 países -según información de la CEPAL-, es decir, de los que menos ha crecido, y no estamos hablando de un año bueno o un año malo, estamos hablando de la media durante 20 años. Entonces ni la más elemental tasa de crecimiento se ha logrado y, sin embargo, se empeñan en que van a hacer lo mismo.

La estrategia era crecer y para tener eso el motor del crecimiento era la exportación y la inversión extranjera. Es decir que creciera la demanda externa y eso jalara la economía y a su vez se empujara la inversión extranjera. Y es real, la inversión extranjera es siete veces mayor hoy que la media de los años anteriores al tratado, y la exportación se ha multiplicado por cinco. Es decir, es una realidad pero la estrategia es que ese sector empujara al conjunto de la economía y eso es lo que no se logró debido a las condiciones en las que se negociaron. Lo que sucedió es que hay un pequeño sector muy poderoso de gran empresa exportadora, que además allí llega la inversión extranjera o son extranjeras o tienen un componente de inversión extranjera. Pero eso es un enclave dentro de la economía del país porque se desconectó del conjunto de cadenas productivas nacionales, prácticamente todo lo importa. El 47% de las exportaciones mexicanas son maquiladoras, ¿sabes cuánto compran de insumos en el país? El mejor año: 3%. Ese es el grado de encadenamiento que tiene con el resto de la economía. Entonces crece sola y va la máquina pero desconectada de los carros del ferrocarril, no jala al conjunto de la economía.

¿Por qué se da eso? Unos dicen que la economía mexicana no era competitiva; pero eso no es real, yo no lo pude probar porque primero la empresa privada no está obligada a licitar y, segundo, porque toda la lógica de estos tratados, toda la lógica de la globalización actual, de los TLC –no es que uno se oponga a la globalización- está hecha para integrar las cadenas productivas intracorporativas, para que la empresa integre sus plantas en las distintas partes del mundo, entonces se compran a sí mismas. Hay un caso que yo seguí, es un estudio de campo, de un mediano empresario que producía piezas para los autos. De repente le dejan de comprar, él averigua por qué, finalmente le consulta a algún funcionario europeo -en este caso era con el tratado con Europa-: “Bueno es precio. Dime, negociemos. Es calidad, dime en qué están los defectos, cómo podemos mejorar. Dime qué pasa”. Le contesto: “No, las tuyas son mejores que las que actualmente compramos y es un precio similar”. Y el otro dice: “Bueno, ¿no que libre comercio’”. Y el funcionario le responde “Es que no hay mejor negocio que comprarme a mí mismo”. Eso es lo que pasó. La industria maquiladora, no es solo empleo, en realidad traes todo, lo ensamblas en México, le das muy poco valor agregado y lo vuelves a exportar con la serie de ventajas fiscales y una serie de cosas.

Lo que ha pasado es que en el resto de la industria -México sí era un país con un cierto grado de desarrollo industrial que se consiguió en 50 años de luchar por eso- se ha vuelto prácticamente maquiladora. Las exportaciones de manufacturas no maquiladoras estaban -en 1982 antes del modelo neoliberal- en alrededor del 90% de integración nacional. Exportábamos poco pero ese sector realmente empujaba al conjunto de la economía. Ahora no llega al 30% incluyendo la mano de obra. Lo que pasó es que la máquina va sola.

Y con los empleos pasó lo mismo, porque sí generas empleos en donde llegó la inversión extranjera, en esas empresas que están creciendo fuertemente; pero se genera desempleo en los proveedores, entonces el resultado final es poquísima generación de empleo y además muy malos empleos. 




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