domingo, 30 de agosto de 2015

EL “ETNICISMO RADICAL”


                                         EL “ETNICISMO RADICAL”





Por Jaime Muñoz Mantilla                                 

La calificación a las luchas indígenas contra el extractivismo, contra la desterritorialización a los pueblos originarios de la Amazonía, a la protesta por la vulneración a la Naturaleza, como “etnicismo radical”, (Frente al etnicismo radical. Jorge Núñez Sánchez. El Telégrafo. 28.8.2015) es una prueba palpable de la vigencia de la colonialidad aún prevaleciente.  “Pachamamismo” –término utilizado en el artículo- es otro calificativo a la resistencia contra el despojo, contra la entrega de miles de hectáreas a las corporaciones transnacionales para que saqueen el subsuelo de la Patria. Se continúa manejando el discurso oficial de las “minorías que quieren imponer su voluntad a las mayorías”. Lo que distorsiona la realidad, desconociendo la participación de amplios sectores urbanos.  Discurso que tergiversa la demanda y la moteja de imposición.  A fin de estigmatizar la justeza de esa resistencia, se afirma que los indios echan mano de la violencia, y exhiben a los policías heridos en las confrontaciones.  Como si no fuera secreto a voces que la violencia arranca cuando provocadores embozados agreden a los policías y éstos responden con violencia, rayana en la brutalidad, a los manifestantes, mientras los encapuchados se esfuman. 

En las exhibiciones eurocentristas, acusan a los indios de pretender “desarmar el Estado nacional”, por su exigencia de que se reconozcan los enunciados constitucionales, referidos a la interculculturalidad y plurinacionalidad. (Art. 1 de la Constitución de 2008). Como si no fuese perfectamente factible la convivencia de diversas culturas en un Estado, respetando su historia, sus tradiciones, desde la evidencia de que, además, tras 500 años de opresión colonial, genocidio y esclavitud, es justo el reconocimiento a sus valores, a sus territorios ancestrales, sus costumbres, su religiosidad o irreligiosidad. Pero, para la mentalidad colonizada, de corte eurocentrista, la plurinacionalidad parecería ser una entelequia, cuyo enunciado, en la parte dogmática de la Constitución, está bien para parecer progresistas, pero ignorarlo en su practicidad histórica. 

Por eso es que la nueva concepción de la educación, desde el gobierno correísta, enfatiza en la tecnología y relega, si no desprecia, a las disciplinas sociales, a la Historia, a la Sociología, al estudio de las raíces, de las luchas de los pueblos del Abya Yala contra los colonizadores, usurpadores de sus heredad.  Y, por supuesto, a la política. (Aquel discurso que exige a las organizaciones sociales no “inmiscuirse en temas políticos, que son propios de los partidos”, lo corrobora). 
Y claro, ante la presencia pública de nuevos líderes, hay que estigmatizarlos, afirmando que Pérez Guartambel es mestizo, como si se tratase de contar con certificados de ADN para justificar su presencia y liderazgo en las luchas legítimas de los desheredados. 

Bueno sería que los ideólogos del correísmo reparen en la reflexión de Quijano: 
“La globalización en curso es, en primer término, la culminación de un proceso que comenzó con la constitución de América y la del capitalismo colonial/moderno y eurocentrado como un nuevo patrón de poder mundial. Uno de los ejes fundamentales de ese patrón de poder es la clasificación social de la población mundial sobre la idea de raza, una construcción mental que expresa la experiencia básica de la dominación colonial y que desde entonces permea las dimensiones más importantes del poder mundial,” (El subrayado es nuestro).

Y por eso es que el gobierno “progresista” de Alianza País, empeñado en la modernización (¿) del capitalismo, firma el TLC con la UE, a sabiendas de su naturaleza neocolonial. Y lo hace, luego de que su líder, reiterara en repetidas ocasiones, que no lo haría porque se trata de un tratado asimétrico, que vulnera la soberanía alimentaria y nacional del país tercermundista que claudica.

Entonces, toda resistencia al extractivismo depredador y explotador tiene que ser combatida desde el poder.  Para ello cuenta con sus fuerzas represivas a las que alimenta y mima, con un Código penal ad hoc que penaliza la lucha social, con conceptos propios del imperio: “terrorismo”, “sabotaje”, “subversión”.  Por eso es, finalmente, que se invoca, veladamente, el incremento de la represión.  “Esto hay que terminar”, dice el artículo de marras, refiriéndose a las manifestaciones últimas de rechazo a las políticas gubernamentales, y que, guardando las distancias, nos recuerda  aquella “solución final” para el “problema judío” que invocó el nazismo para su exterminio. Y, mientras se aplican esas políticas represivas de corte fascistoide, se sigue cantando al Che y el Venceremos de la Unidad Popular del Chile heroico, al tiempo que, con un tufo racista, se califica, desde el discurso del líder, de “indios fracasados” a quienes se rebelan contra el poder y contra el status quo.

Quito, 30 de agosto de 2015


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